La clave GaudíMe había prometido no leer más libros de esta clase pero como el ludópota frente a las luces luminosas de las tragaperras he reincidido. Me gustó la portada. Siempre me ha gustado visitar La Sagrada Familia cuando he ido a Barcelona y pasear por el Parque Güell, y ver La Pedrera. También gocé este verano con El Capricho de Gaudí en Comillas (Cantabria), así que la historia podía ser interesante. La Clave Gaudí al rebufo de libros de ventas millonarios como El Código da Vinci o Ángeles y Demonios traza una historia parelela con muchos elementos comunes. En lugar de París o Roma la acción transcurre en Barcelona. En lugar de ser Bernini el elegido es Gaudí y sus obras. Lo demás es lo de siempre, una pareja debe resolver un enigma, e ir superando distintas pruebas. La muerte de un anciano hace que su nieta se convierta en la elegida, la cual ha de llevar a buen puerto la misión encomendada. A la chica le ayuda su noviete el cual casualmente es un brillante matemático. Ella es licenciada en historia del arte.

Todos los que les ayudan saben muchísimo y ello les permite ir resolviendo los siete acertijos que se les plantean. No se dan muchos datos de Gaudí, sólo que era austero, que murió atropellado por un tranvía, porque alguien le arrojó a él (esto es licencia de los autores), que podía haber practicado la masonería y que dedicó su vida a La Sagrada familia, la iglesia de los pobres. La historia avanza sin dificultad, con bastantes diálogos. La pareja protagonista, María y Miguel no tiene mayor hondura, así como el resto de personajes circunstanciales. Su descripción se reduce al empleo de media docena de adjetivos. Son guapos, listos, inteligentes y se quieren mucho, tanto que aunque pueden palmarla en cualquier momento mientras todos los conocidos la van diñando tienen ganas de “hacer el amor” y confesarse lo mucho que se aman.
El éxito de estos libros radica en su cómoda lectura. No hay que comerse la cabeza leyendo y todo fluye de una manera muy natural, sin apenas esfuerzo.

No hay descripciones ni de las personas, ni de las cosas, no se juzga nada, ni se aborda algún tema universal. Los autores tienen unos elementos que como las piezas de un puzzle han de casar para que la historia tenga cierto sentido y pueda resultar verosimil. Si La Catedral del mar ha superado el millón de ejemplares, este libro seguro que puede repetir la hazaña. Si no buscamos una prosa limpia y depurada, exprimir las palabras y sacarles su jugo a fin de que nos transmitan o evoquen algo, sino pasar un rato distendido leyendo, La Clave Gaudí puede ser una opción de lectura interesante. Algo tendrán cuando todo el mundo los lee. O al menos los compra, que otra cosa es leerlo. De todos estos libros que he ido leyendo mi preferido es El último Catón de Matilde Asensi.