La noche del lobo Javier TomeoHace cuatro días comentaba el libro de Javier Tomeo El cantante de boleros, ahora hablaré de La noche del lobo del mismo autor. El libro se publicó en Anagrama el año pasado. La historia consiste en un diálogo entre dos hombres, que sufren una lesión en el tobillo, el mismo día a la misma hora y casi en el mismo lugar. En un páramo, de noche y han de pasar las horas que previas a la alborada, uno cerca del otro sin poder verse ni tocarse, charlando para entretenerse. La voz cantante la lleva Macario. Todo lo que éte sabe lo ha leído en internet y su prodigiosa memoria le permite describir al detalle recetas de cocina, el funcionamiento de aparatos, las vidas de los santos y recurrir a frases que apunta en un cuaderno de tapas rojas. Al mismo tiempo es poeta, si bien reconoce que su poesías no son muy buenas. Vive solo en una casa sin ventanas y cuenta con su telescopio con el que mira las estrellas. Cree ser el último hombre-lobo. Su interlocutor es Ismael, vendedor de seguros, casado hace dos años con su mujer, que se troncha con las ocurrencias de Macario. La luna mientras brilla en lo alto y cuando las nubes lo permiten alimentado por la luz de luna Macario cree devenir en un peculiar hombre lobo. Peculiar porque lleva una dentadura de plástico. Los diálogos absurdos son el meollo de la historia y logra arrancar unas cuantas carcajadas. Subyace también la soledad, el desamparo, la incomunicación de estos dos personajes. No por mucho hablar se deja estar de sólo, parece ser la conclusión. Hablan toda la noche. Ismael no quiere que el silencio devore la noche y pide a Macario que le cuente cosas, que diga todas las chorradas que quiere pero que no le deje solo. Las confesiones de temas íntimos luego pueden volverse en su contra, mostrando así la crueldad de la naturaleza humana que en lugar de ayudar ahoga. Javier Tomeo se mueve como pez en el agua con estas novelas suyas que no llegan a las doscientas páginas, vivaces gracias a unos diálogos absurdos y certeros con un un final abierto con margen para la sorpresa. ¿Se saben el chiste del butanero y el marido cornudo?