Año 2856
Robert subió en el ascensor ultrasónico hasta la última planta del Edificio Hispania. Desde la planta número 654 la vista era inmejorable. Toda la megápolis se extendía ante su ojos. Más allá el desierto. Hizo un agujero en el doble cristal y asomó la cabeza, luego pasó los hombros y finalmente se asentó en el estrecho alféizar. Se lanzó al vacío. Quería que la película de su vida fuera lo más prolongada posible, no dejar nada en el tintero por falta de tiempo. Apenas hubo despegado, vio una luz blanca, el rostro de sus padres adoptivos, el colegio virtual, la primera chica con la que chateó, el titulo universitario de Gestor de residuos interplanetarios, cuando aún le restaban trescientos pisos Robert se quedó en blanco. En su pantalla mental apareció la palabra FIN, con letras ardientes que despedían un olor a caucho quemado. Entonces marcó el código de seguridad en el display de su reloj de pulsera y el paracaídas se abrió, ralentizando el descenso casi en seco, tal que Robert se posó con suavidad sobre el cesped. Era la quinta vez que lo intentaba y la película de su vida cada vez le parecía más aburrida, así que marcó el 666 en su reloj y explotó sin tener ocasión de ver siquiera los títulos de crédito.
April 6th, 2007 at 9:32 am
¡Jajajajajajaja! ¡Muy bueno!
Un saludo.
April 7th, 2007 at 12:10 pm
Muy bueno. Saludos.