La política separa crispa y enerva a la ciudadanía
La política se está convirtiendo en un elemento distorsionador de la realidad. Por un lado nos hablan de que España, mediante las reformas de algunos estatutos se desmiembra, pero al mismo tiempo parece que los políticos no tienen otra misión que la de dividir y confrontar a los Españoles, manteniendo en pie “las dos Españas”. Así si cuando el partido que gobierna hace algo, lo que sea, tendrá a la oposición en frente para decirle que todo ha sido un desastre, que la gestión ha sido pésima, que todo lo que ha pasado, pasa y pasará es culpa suya, que deje de hacer el ridículo, que el país necesita otra cosa, líderes firmes, programas políticos sólidos, gente capaz de tomar decisiones y de asumir sus responsabildades (¿dimitir también?).
Luego, los que gobiernan, una vez estén en la oposición, emplearán las mismas tácticas de sus predecesores, pues se viene demostrando que dan buenos réditos electorales.
Esas buenas palabras de nuestros políticos, ese pensar en los ciudadanos y ciudadanas, debiera transformarse en un sentimiento de fraternidad, de tal modo que los políticos desde sus poltronas y desde el poder que ejercen sobre la sociedad, debieran dar ejemplo, actúar de referente, mostrar a la ciudadanía, que ellos son de otra pasta, que les mueve el amor al prójimo, que por su país, por su España, por su nación única e indivisible son capaces de todo, también de tender las manos a su enemigos, que no son otros que los partidos de otra tendencia política. Porque son eso enemigos, no compañeros, ni nada parecido.
No estaría mal que la utopía se materializase con los políticos trabajando codo con codo, en una empresa común, en hacer una sociedad más justa, más solidaria, más respetuosa. Pero es eso una utopía, porque al encender el televisor y oir las declaraciones de nuestros políticos vemos que la inquina, la mala leche, el rencor, el revanchismo, las represalias verbales, el odio patente, está presente en todas y cada una de sus manifestaciones.
No les mueve a los políticos en sus actuaciones el bien común, la fe en un proyecto, sino derribar al que gobierna para ocupar su lugar cuanto antes, moviendo los hilos que sean necesarios, caiga quien caiga. Importan los fines, no los medios, alardean algunos políticos, presidentes de Comunidades Autónomas desde las ondas.
Luego la ciudadanía, que está a otros menesteres, que quiere vivir bien y en paz, les de la espalda a los políticos, como en el referendúm sobre el Estatuto Andaluz, cansada de oir siempre lo mismo, las mismas barbaridades, que justifican lo injustificable, de que les tomen por estúpidos.
La ciudadanía cada vez confía menos en los políticos. Se lo tienen ganado. Pocas cosas generan hoy tanto recelo como un concejal de urbanismo o un alcalde con un plan urbanístico entre manos.