Dijo alguien que la religión era el opio del pueblo y acertó. Hoy la televisión es el Televisiónnuevo opio, en este caso audiovisual. En las sociedas modernas lo que falta es tiempo para hacer cosas. Dormir y trabajar consumen más de 16 horas al día. De las ocho restantes, el desayuno, comida y cena nos lleva otra hora y pico. El transporte al trabajo de ida y vuelta otro tanto. Con jornada partida el tiempo se comprime aún más. Así las cosas, el tiempo que tenemos disponible se reduce a unas pocas horas. ¿a qué dedicamos nuestro tiempo libre?. Unos optan por el gimnasio a diario, por ir a clases de baile: salsa, flamenco. Otros por acudir a cursos de formación. Los hay que deben dedicarse a sus hijos a tiempo completo.

En el periódico viene hoy una noticia en la que se dice que por término medio los ciudadanos españoles pasamos 228 minutos al día frente al televisor. Son casi cuatro horas. En lo que economía se denomina coste de oportunidad, es que si tu escaso tiempo disponible lo empleas en ver la televisión dejas de hacer otras muchas cosas y el aborregamiento cada día es más notorio. La televisión absorbe en el grueso de la población casi el 100% de sus ratos de ocio. Eso hace que su presencia en nuestras vidas sea total y absoluta. Las conversaciones las más de las veces giran, o entorno al tiempo que hace, o acerda de algún programa visto en televisión. Muchas muletillas y chascarrillos saltan de la televisión al pueblo que las incorpora en su vocabulario. Muchos imitan lo que ven en televisión, así copian a sus actores a la hora de ligar, de expresarse, dando la naturalidad y espontaneidad paso a la teatralidad, una vez hecha una previsión de qué obtendremos actuando de esa determinada manera.

Los guionistas televisivos se convierten en padres, que alimentan las mentes de los adolescentes y de muchos adultos, creando pautas de comportamiento, actitudes y respuestas a estímulos. No de todos claro está. Quedan aún hoy radicales, que viven sin televisión en sus hogares, pero son los menos. Otros dicen no verla, pero sin embargo conocen a cada uno de los “famosos” que se nombran. Además del nombre saben también de sus obras y milagros, que en todo caso cabrían en un post-it.

A mí de la televisión me gustaban algunas series y las películas. El abuso de la publicidad, que hace que una serie de 48´dure casi dos horas o una película se alargue hasta las dos horas y media o tres, y el acceso a internet posibilita ver series en versión original, sin anuncios y del tirón. Lo mismo que sucede con las películas emitidas en televisión, las cuales por otro lado, siempre son las mismas; cine de saldo repetido hasta la saciedad o telefilmes de tres al cuarto, por no hablar de Ghost, Pretty Woman, que las han puesto cien veces.

la televisión mataLo curioso del asunto es que si afirmas que ves una película al día, o al menos que ese sería tu propósito, te miran raro y tildan esa afición de obsesión. Sin embargo la gente que ve la televisión durante cuatro horas al día (más del doble del tiempo que se requiere para ver una película) consideran su pasatiempo como algo de lo más normal, por otro lado “todos” lo hacen. Da igual lo que echen las cadenas , el caso es “ver algo”. No es que la gente no tenga criterio. Si tienen posibilidad de elegir entre diferentes productos muy probablemente de decanten por algo de calidad. Lo triste es que si a una hora determinada, todas las cadenas emiten basura, el espectador no apagará la televisión y se asomará el balcón a mirar las estrellas, cogerá un libro de la estantería, irá a pasear al parque con su pareja, se pondrá a mirar fotos, recuperará sus viejos vinilos o se irá dormir, no, lo que hará será cambiar de canal, irá de uno a otro, sin reparar en nada de lo que ve. Luego dirá que la televisión es una mierda, que no echan nada que valga la pena, que está peor que nunca, pero en su mano, en su mando, estuvo tomar una decisión, pero hay que cumplir con esos 228´diarios que para mucha gente ya es una obligación “impuesta” e incuestionable.