Votó con todas sus fuerzas, siguiendo las indicaciones de los lemas electorales, con tal ahínco que se desgarró. En urgencias, la médico interno residente, se entiende que con papeles, le dio más puntos que en una episectomía. El interventor electoral aseveró que la papeleta había sido introducida con éxito antes del desgarro, por lo que el ciudadano había ejercido en perfectas condiciones su derecho al voto. Al día siguiente, mientras ojeaba la prensa local sentado sobre un flotador, supo que su partido había ganado por un sólo voto las elecciones. Sus ojos se humedecieron. Veinticinco años después de que Don Cipriano llegara al poder, finalmente había llegado la hora de la alternativa, así que desinfló el flotador, y haciendo de uñas corazón, a falta de traje de luces, se puso su sombrero, su camisa blanca y su pantalón de pana, se aferró a sus dos cachavas y se fue al bar a celebrarlo, con la cabeza erguida y henchido de orgullo lo que hizo que sus puntos se saltaran, para su mal.