Las esposas del amor o el pesimismo exponencial
Al desposarnos nos esposamos, enlazamos existencias y casados devenimos cansados. No somos bueyes pero con el sí, nos sujetamos al yugo de la esperanza y al hacerlo, siendo ya sólo uno, practicamos coyunda. La gente se casa porque a ella le hace ilusión, o a él, o a los dos. Van a la iglesia, que no han pisado desde que les confirmaron, salvo bodas, bautizos y defunciones ajenas y ellas vestidas de blanco y ellos con cara de circunstancias, dan el sí quiero. Hasta que la muerte nos separe dicen a dúo. Luego una de cada dos parejas se separa, más pronto que tarde. Celos, disputas, riñas, trifulcas, devaneos sexuales, cornamentas, trastos a la cabeza, portazos, reproches, reconciliaciones, promesas, besos apasionados. De nuevo celos, disputas…., hasta que uno de los dos o de mutuo acuerdo deciden poner fin a la relación, quedar como amigos o hacerse la vida imposible, apropiarse de los hijos si los hay. Confabular, levantar falsos testimonios, desarrollar una extraordinaria memoria selectiva, pensiones alimenticias, encono, odio reconcentrado y al final cuando solo quedan cenizas de una amor extinto, despedirse como dice el chiste.
-¿María que felices éramos hace quince años?.
-Pero si no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso.
July 9th, 2007 at 9:59 pm
Muy bueno Chufowski y muy real lo que dices, como la vida misma. Me temo que yo soy y seré de las que se sujetan al yugo de la esperanza jeje.
Un saludo!
July 9th, 2007 at 10:32 pm
Faraonika, al fin y a la postre el amor es el lo que mueve el mundo y a los humanos, y por eso hay quien se casa media docena de veces, sin aprender de los errores que luego vuelve a cometer en la siguiente relación. Que el amor sea la energía renovable que mueve este planeta, es lo que hace que a pesar de los pesares y de los millones de catástofres diarias, aún sea habitable.