Al coger en la biblioteca un libro con los cuentos completos/1 de Cortázar e irlo hojeando encontró media docena de recibos de préstamo, olvidados por los usuarios, que recogían los nombres y apellidos de los mismos, el título de la obra, el número de ejemplar, así como la fecha de préstamo y devolución. María, Ana Carmen, Leonor, Patricia, Raquel y Josefina habían leído ese mismo libro, o al menos lo habían manoseado, estrechado contra su pecho, vertido sus lágrimas sobre sus hojas, agitado entre sonrisas o bostezos. No encontró un sólo rastro de lectores masculinos, olvidadizos, al menos, así que a fin de equilibrar la balanza decidió preñar su vientre con su recibo, al tiempo que quitaba los de ellas, para poder afirmar luego con pruebas evidentes y notorias que Cortázar era y es un escritor para hombres, porque las mujeres no están para cuentos.