Lo que me repatea de las librerías, es lo mal que disponen los libros, esto es, los situan a una altura excesivamente alta que impide ver los títulos, incluso alcanzarlos, o excesivamente baja, que obligan a tirarte al suelo a riesgo de coger una contractura para ver ciertos títulos. No sé porque no buscan la manera de que los libros estén en el visual de los ojos, a una altura razonable. El otro día en Santos Ochoa, en una tienda que han abierto nueva en la Gran Vía, un poco más arriba de la anterior, mirando libros de la editorial Acantilado, los encontré todos juntos dentro de la categoría “romántica“, cuando la mayoría de los títulos no tienen nada que ver con esto. El caso es que les dedican un par de estanterías, a más de dos metros de altura, que lejos de ponerlo al alcance de los clientes, parece que quisieran esconderlos, algo curioso tratándose a mi entender de una de las editoriales que mejor encuaderna y presenta los libros, bajo cuyo manto hay autores como Porta, Bolaño, Zweig, etc. Lo que si abundan son los best-sellers, los cuales se amontonan en forma de andamios, que la gente se lleva como quien compra cajas de leche o aceite. Los otros libros, los menos populares, en caso de encontrarlos habrá a lo sumo un ejemplar. Está claro que hay que ceder el espacio a lo que vende, no a lo que interesa a unos pocos. A ver si un día nos plantan en Logroño un FNAC, así podremos pasar las tardes leyendo tranquilamente en el espacio habilitado a tal fin, consultando toda clase de libros.