A Peixoto le tenía ganas desde hacía tiempo. Uno lee cosas; reseñas, críticas, comentarios malintencionados, loas desmedidas y al final solo sales de dudas cuanto te coges un libro suyo y te lo lees. El último que ha publicado, en una alarde de originalidad inaudito se titula Libro.

Comienza la historia en el año 1948 y finaliza en nuestros días. Nos encontramos ante una historia de amor no materializada, antes esas situaciones en las que ves que el amor de tu vida se escapa, y una serie de razones, te acaban esposando con alguien con quien nunca disfrutarás del amor pleno. En el caso de Adelaide junto al lector impenitente Constantino que prefiere leer otras vidas que vivir la suya.
Así la pareja protagonista formada por Adelaide e Ilídio, van viendo pasar los años, primero en una aldea portuguesa y posteriormente en París (la emigración portuguesa a Francia, entre 1960 y 1974, fue de un millón y medio de portugueses), sin que sus existencias lleguen a converger (salvo en una ocasión), a rasgarse, condenados a ser dos rayas paralelas que se ven, pero que tienen a sus pies unos precipios que les impide acercarse.

Me ha gustado la prosa de Peixoto, su sencillez y al mismo tiempo su contundencia. El portugués en un talentoso orfebre de las palabras, pergeña unos personajes a los que llegas a poner rostro y cuerpo, con unas anécdotes y actividades rurales ancladas en la tradición que no tienen desperdicio, así como unos paisajes, rurales, campestres, olivareros cuya fragancia supera las barreras de la letra escrita. Es tontería abundar más en la historia, dar más detalles. Solo comentar que en el tramo final, Peixoto dinamita cualquier esquema narrativo para presentar al mismo tiempo al escritor, autor, personaje, lo cual puede confundir al personal poco avisado, con estos juegos metaliterarios.

Tengo sobre la mesilla, Cementerio de pianos, también de Peixoto. Si algo gusta solo resta solazarse y dejarse llevar. No está la cosa como para sufrimientos innecesarios.

Me quedo no obstante con el final de Libro. Sí, la vida hay que vivirla, mientras estamos vivos hay que vivir, luego ya nos vendrá el gran silencio, la vida eterna y todo lo demás…