Curvas a izquierda y a derecha, camiones perezosos, coches detrás olisqueando sus bajos, jadeando, remolques con uvas, girasoles negros, que no ciegos, bajo las fauces de las cosechadoras. Casas abandonadas de fantasmas en medio de la nada. Formaciones rocosas, grises, lejanas, ausentes, sin horadar. Postes telefónicos, de alta tensión, ciclistas mañaneros, bulliciosos, alegres en su pedaleo, quitamiedos-quitamiembros, la vida y la muerte en la carretera, ambulancias fugaces y ostentóreas, el estómago en la garganta, la mente en blanco, el ruido del motor incesante, paneles avisadores, radares acojonadores, guardias civiles de uniformes verdes, camuflados, lagartos con tricornio. Animales espanzurrados, perros solitarios, gatos kamikazes, liebres suicidas. De frente, guiñan las largas. Solidaridad, amor fraternal. !Conductores del mundo levantaros!. Control. Cerocomacero. La achacosa puerta del garage se entreabre. Una batalla ganada. No confiarse.