Se dice de este libro del escritor sueco Stieg Larsson, el cual falleció, tras entregar al editor material para publicar tres novelas, que conforman la trilogía Millennium, que crea adicción. Así se anuncia en la portada, con comentarios de críticos de periódicos, revistas literarias e incluso escritores como Zafón. A mi me ha generado el mismo interés que otros muchos libros, ni más ni menos que el que experimento cuando leo a Millás, Bayal, Mendoza, Marías, Reverte, Casariego, etc. Es un tocho de casi 700 páginas, pero la forma en la que se cuentan los hechos, hace que uno casi vuele sobre lo que lee, ya que a pesar de que el autor se posiciona a través de sus personajes sobre cuanto acontece en el mundo moderno: el valor ficticio de la bolsa, los directivos de empresas corruptos, maniacos sexuales, jóvenes tatuadas repletas de piercings, hackers, transaciones bancarias de todo tipo para no pagar impuestos, maltratos a mujeres desamparadas, etc, …lo hace de tal manera, que más allá de una ligera reflexión, todo va muy rápido. Hay una desaparición de una chica que a Henrik, uno de los jefes de una compañía sueca, le atormenta desde hace décadas. Por cosas de la vida, contara con Mikael para que investigue el caso irresuelto. Así tirando del hilo, merced a la perspicacia del periodista, en el retiro, tras ser condenado por difamar según sentencia judicial, Mikael, con la ayuda de una joven muy espibalada, ducha en las nuevas tecnologías, irán sacando las cosas a la luz. No hay tregua. Su lectura es amena. El estilo del autor, no permita identificarse apenas con los protagonistas, ni con Mikael ni con Salander, ni con ninguno de los otros, pero pergeña una historia entretenida, con buen ritmo, y suficientes elementos de suspense, como para desear llegar al final cuanto antes.

Ahora tengo encima de la mesa, la segunda parte de la trilogía. Ya os contaré qué me ha parecido cuando lo lea, que será, espero pronto.