Hoy la política es un espectáculo y los mitines son su más claro exponente. He acudido a algunos y son muy divertidos. Ver como la gente mueve la banderita, como si de un partido de la selección se tratara, cómo a la hora de la conexión con el telediario, todos se ponen en pie y corean más que nunca arropando a su lider político, el cual sitúa justo detrás suyo, para que se vea en televisión a gente joven, ¿comprometida con el partido?.

Hoy por hoy todos los políticos son unos muermos en sus mitines. La oratoria no es lo suyo. Bastante tienen con no equivocarse cuando leen lo que le ha escrito su asesor. Unos dicen cuatro cosas generalistas, que la gente aplaude entusiasmada, se suelta también algún puyazo al partido de la oposición o del gobierno, se menea la bandera y luego cada uno para su casa, y a las urnas el día de las elecciones.

En un chiste de El Roto, venía un hombre con una papeleta en la mano mientras se preguntaba ¿cómo plasmar todo lo que siento con un voto?. Cierto. Un programa político toca (o debería) multitud de frentes, demasiados, pero a la hora de votar, los políticos pasan a sus seguidores-votantes-fan un papel con las líneas maestras de lo que será su futuro gobierno en caso de que lleguen a La Moncloa. ¿Cuántos temas se podrían debatir a día de hoy, y cuántos se tocan en un mitín?. Se podría hablar mucho de la inmigración, del precio de los pisos, de la corrupción política, de la violencia en las aulas, del cambio climático, de las ayudas tendentes a fomentar la natalidad, etc, pero al final siempre oiremos lo mismo, cada cual ocultará aquellos temas espinosos, como la jubilación a los 70 años, ya saben la desinformación es poder. Cuanto menos sepan los votantes mejor, así luego no podrán reprocharles nada, ni decirles, usted prometió que…..

Se convierte pues el voto en un acto de fe, como lo fue la ratificación de la Constitución Europea. Para algunos su partido político es como la Selección Española. ¿Se puede dejar en la estacada a tu “equipo“?. No, pensarán muchos, pues cómo voy a dejar entonces de votar a…., aunque lo haga mal o bien.
A eso ha quedado reducida la política, a un espectaculo donde el pastor desde el estrado hace que las ovejas muevan las banderas, para al final acabar trasquiladas, o sodomizadas.