Ositos de gominola en LogroñoEn la recién remodelada Gran Vía Logroñesa tenemos ahora un buen número de ositos gigantes, réplicas de las gominolas, que flanquean la vía, para gozo, alborozo y éxtasis de los viandantes, que pueden poner así a prueba sus cámaras digitales y llevarse un recuerdo “oso amoroso” de la ciudad Logroñesa.

Los artistas están que trinan, pues dicen que no tiene nada de artístico hacer una escultura gigante de una gominola. Además de ositos tenemos también palmeras, que no pintan nada pero le da a la ciudad un aire más tropical, aunque el Mediterráneo lo tengamos a 500 kilómetros. Hay quien dice que nada tiene que envidiar la Gran Vía Logroñesa a la Madrileña, como chiste no está mal, pero la de aquí son losetas grises que da la imagen de un “desierto gris”.

A la Gran Vía también se le conoce como “pista de aterrizaje”, donde cualquier avión pudiera hacer una aterrizaje de emergencia si es menestar, gracias a las farolas perfectamente alineadas que desde el cielo debe simular eso, una pista de aterrizaje. Si viene a Logroño no deje pues da darse un paseo por la Gran Vía y una vez aquí lléguese a la calle Laurel, conocida como la Senda de los elefantes, para tomar unos pinchos variados ya sean cojonudos, matrimonios, tio agus, brochetas de sepia, orejitas rebozadas, torreznos, zapatillas, etc, o comer unas patatas con chorizo de la tierra, unos caparrones de anguiano, probar los fardelejos y el embutido de baños del río Tobía, y unas chuletillas de cordero hechas al sarmiento. Además ahora está Rioja tierra abierta, con una programación de actos varios que ofrecen la posibilidad de visitar las Iglesias de la ciudad, subir a los campanarios, ver los museos, etc. Si la visita a Logroño la hace a pie, como peregrino haciendo el Camino de Santiago no deje de salir por la calle Mayor, o Marqués de San Nicolás (avituallese de un bocata de chorizo o de un bollo, cruasán, napolitana, o demás exquiseteces en la mejor panadería de Logroño, la panadería Primi, que tienen la tienda en esa calle), por el Arco de Revellín o puerta de Carlos V, ahora también reformada, con un arco de piedra precioso, con un foso y una tarima que muere en el torreón reformado también para la ocasión y que es el único vestigio que queda de la antigua muralla que contenía el Logroño antiguo.