(Mal)Tratado de la infidelidad
Si la pareja nos pone unos cuernos que no podemos pasar por la puerta, nos subiremos por las paredes, nos tiraremos de los pelos, nos comeremos las uñas y clamaremos venganza. Al afrontar el problema querremos saber cuántas veces lo hizo, cómo lo hizo, si fue encima o debajo, por delante o por detrás, sobre que superficie, cuánto duró, la intensidad del momento, desde cuando se veían. Los porqués pasarán a un segundo plano.
Ahora bien, creado el problema, las infidelidades basadas en el sexo no son tan malas como las basadas en el enamoramiento. Un gatillazo coyuntural implica pasar un buen rato, pero no hay nada personal en el asunto, de tal modo que a la hora de echarse los trastos a la cabeza, oiremos cosas tales como: la tienes pequeña, no sabes hacerlo, eres un soseras en el catre, lo haces de pena, mi abuelo le echaría más ganas, la lengua sirve para más cosas… Es poco probable que alguien deje a su pareja porque no tener a su lado un Rocco en la cama, ya que el sexo es importante pero no determinante en la salud parejil.
Por el contrario, si nuestra pareja se enamora perdidamente de otro/a, nos encontraremos con varios frentes abiertos y a la hora de comparar, podremos quedar en evidencia en multitud de aspectos, mucho más importantes que el nublamiento mental que proporciona una tormenta de polvos. De ahí que ese enamoramiento extraconyugal lleve a nuestra pareja a entender que las cosas pueden ser de otra manera, que hay otras formas de ser, de sentir, de vivir la vida, de afrontar las cosas y que su relación actúal es una perdida de tiempo, tiempo que debe recuperar.
Por eso, si alguna vez su pareja le pone los cuernos, cuente hasta mil y luego ya calmado, pregúntele a su pareja, si está enamorada, si quiere a esa otra persona, o si solo se trata de sexo, de una aventurilla. Si es así, será posible solucionar el problema, sino delo por perdido.
April 19th, 2007 at 4:21 pm
Me suena el tema… visita mi blog ;)o si lo prefieres te cuento mi vida xD
Un saludo!