De pequeño Dios era todo, no sabía el significado de la palabra ubicuo ni omnipotente
pero sonaban tan rimbombantes que me imaginaba a Dios como algo grande.
Notaba su presencia en todo lo que hacía y decía pero por defecto. No era algo tangible,real, sino que se manifestaba cuando me atemorizaban diciéndome que Dios me castigaría o no me querría si hacía según cosas. El pecado estaba presente al final del tunel y la locomotora de mi vida iba sin frenos en esa dirección.
La comunión supuso el encuentro con Dios, o eso decía nuestra catequista. De esa fecha guardo recuerdo de una foto en la que voy vestido con una chaquetilla ázul y que me regalaron unos prismáticos y la comida fue especial.

Todo iba de cine y Dios era mi actor favorito. Luego comenzaron las clases de religión en el colegio, con el Antiguo Testamento. Mi colegio era de capucinos pero las clases las daban también seglares. Leíamos la Biblia y Dios seguía siendo algo importante.
Un día en clase de lenguaje un profesor nos dijo que la Biblia era un buen libro, uno de los mejores que se habían escrito en prosa, un libro que entretenía de principio a fin. De publicarse hoy sería todo un best-seller. Ese día comencé a masturbarme, con tal impetú que a poco me hago una fimosis y todavía no me he quedado ciego.