Mi niño no me come libro de Carlos GonzálezHoy por hoy cuando los niños son pequeños siempre surgen dos temas fundamentales en cualquier conversación sobre ellos; el comer y el dormir. En vista de las desazones generadas, algunos pediatras han visto el cielo abierto, un mercado sin explotar de millones de padres ávidos de información, a la vista de los miles de ejemplares despachados y se han puesto a la tarea escribiendo libros que aborden el dormir y el comer en la infancia.

El debate se ha establecido en un mano a mano entre el Dr. Estivill y Carlos González. El primero en su libro Duérmete, niño: cómo solucionar el problema del insomnio, aboga por un método que a pesar de su dureza (como afirman sus detractores), fija unas pautas de conducta que encaucen al retoño en el hábito del buen dormir (teniendo en cuenta que los desarreglos en el sueño en la infancia se arrastran e inciden en la vida adulta), ha dado muy buen resultado a muchos padres, de ahí que el libro se haya convertido en todo un superventas, como cualquier libro de autoayuda de Paulo Coelho. Por otra parte Carlos González en su libro Bésame mucho adopta un afán protector, un laissez faire, donde el niño ha de tener libertad de movimientos y los padres han de estar alerta para captar las señales, dedicando todo su tiempo y su paciencia a su cuidado, dándoles todo su cariño, desterrando expresiones como “te tiene cogida la sobaquera”, “tiene más cuento que Calleja”, “te tiene cogido el aire”, “son unos pequeños tiranos” etc.

Con relación al tema de la alimentación infantil, en su libro Mi niño no me come, publicado antes de Bésame mucho (2003), Carlos González recurre a una serie de cartas remitidas a la revista Ser Padres, de la cual era el responsable del consultorio sobre lactancia materna. Sobre esas preguntas formuladas, el pediatra expone su teoría, la cual no hace más que seguir la senda del sentido común. Algo tan elemental como afirmar que los niños comen lo que necesitan, que si cierran la boca o vomitan la comida es porque están llenos, y que no se les debe forzar ni obsequiar con regalos, dado que la alimentación es un proceso natural en cualquier criatura, y los niños pequeños hasta una determinada edad comen por instinto, sin que tengan ningún anhelo de tomar el pelo a la madre, mofarse de sus habilidades culinarias o detestar los platos que sus progenitores les preparan con tanto cariño y que tantos malos ratos les hacen pasar.
Desdramatiza el no comer de los niños, afirma que ningún niño morirá desnutrido porque tarde o temprano comerán, si bien deben de hacerlo de un modo natural, sin imposiciones y sin que el tiempo de la comida se convierta en una tortura o un calvario para los padres y lo que es más grave, para los hijos.
Los padres deben estar ojo avizor para detectar posibles alergias, comprender que una enfermad o un malestar hará que el hijo esté más inapetente, que a partir del primer año los niños no comen lo mismo que durante los primeros doce meses, comiendo durante el segundo año lo mismo que cuando tenía 9 meses y no el doble como se podría pensar, aplicando la cuenta de la vieja.
El niño debe comer variado, probar muchos alimentos diversos y todos ellos sanos, con buena variedad de frutas, verduras, carne de pollo, pescados, ternera, leche materna, papillas, dejando de lado los dulces, la sal y las grasas, así como los preparados industriales, en especial los zumos por su alta concentración de azúcares. Si deja medio plato de comida, el problema no es del niño, es de sus padres que calculan mal y le ponen el doble de la comida que precisa.

Dedica también unas páginas a la lactancia materna, basada en el” pecho a demanda”. Esto es, el bebé debe tomar tanta teta como quiera, sin horarios fijos ni inflexibles, sin recurrir a eso tan manido de espaciar las tomas, algo que solo va en beneficio de los padres (que así pueden dormir más horas seguidas por la noche) y no de los hijos (que lloran cuando tienen hambre y así lo hacen saber).
No hay que tomar la regla de los 10 minutos en cada pecho en la lactancia como algo inalterable, porque hay niños que en cinco o en tres minutos ya han mamado suficiente. Arremete también contra la falsa creencia de que la papilla alimenta más que la leche, declarado Carlos González un defensor a ultranza de la leche materna, sin que haya un producto que le pueda hacer sombra, al tratarse del alimento más completo.
Interesante es a su vez es la reflexión acerca de por qué la leche de continuación 2, es más barata que la 1, debido a la competencia que crea la leche de vaca convencional, con más proteínas (perjudiciales por su exceso) pero bastante más barata (ahora con la leche a un euro o más ya no tanto).
Curioso también el caso de las madres que son abroncadas por sus pediatras y los diferentes criterios que se barajan, lo que da a entender que sobre la materia casi todo son incertidumbres, más allá de cuatro cosas que todos parecen tener más o menos claras. A esta incertidumbre contribuye el Apéndice “Un poco de historia” donde vemos como han ido cambiando las dietas infantiles con el transcurrir de los años.

También hace hincapié el autor en no centrar toda la atención en el peso, se ve pronto si un niño está obeso o desnutrido, así que preocupémonos de si el niño está sano o no, si duerme bien, si sigue bien los dedos con la mirada, dejando la báscula para el final, como algo residual y no nuclear en cualquier visita a un pediatra.

Cuando un niño no come, si lo hace para llamar la atención, lo que está demandando es que le dediquen más tiempo, que le lean más cuentos, que jueguen con él, que le ofrezcan más contacto físico, dado que una conducta en la que el niño llora, vomita, se da cabezazos, más que llamar la atención lo que se traduce es en una llamada a una “falta de atención” hacia su persona.

Carlos cuestiona la rigurosidad de los horarios en las comidas, abogando por comer según las circunstancias, esto es, que al cambiar harán que la hora de la comida no siempre sea la misma, que cambie el lugar, la casa (si come donde los abuelos por ejemplo), como sucede con los adultos que no siguen un horario tan estricto, salvo el fijado por las obligaciones laborales. Aboga también por comer entre horas, y hacer pequeñas comidas, cinco al menos, tipo picoteo. Que el bebé pida pecho por la noche no es por tanto vicio pues sino necesidad.

Ojo, no existe el llamado “corte de digestión“, así que se puede bañar a un niño justo después de comer. La conducta alimentaria sana se guía por claves internas (hambre y saciedad) y no por claves externas (presiones, promesas, castigo, publicidad). Los hijos deben comer según sus propias necesidades, no según una tabla de calorías.

El pediatra recomienda no obligar a comer al niño, hasta los 6 meses darle solo pecho, a partir de los 6 meses ofrecerle otros alimentos, introducir los nuevos alimentos de uno en uno, separados con un lapso de una semana, dar el gluten con precaución, no añadir azúcar ni sal a los alimentos, dar el pecho hasta los dos años o más, escurrir los alimentos para no llenarle la barriga con el agua de la cocción.

Se cierra un libro con un divertido relato como epílogo titulado ¿y si nos obligasen a comer a nosotros?, donde se le da la vuelta a la tortilla y son los adultos los que se ven obligados a comer en contra de su voluntad como les sucede a menudo a los más pequeños que se defienden pataleando, cerrando la boca, escupiendo o vomitando aquellos alimentos que les introducen a la boca a la fuerza, a veces con chupete incluido para que se vean obligado a succionarlo.

La gran virtud del libro es que desdramatiza el problema de la alimentación. En nuestra sociedad sería complicado encontrar un niño desnutrido, pero la presión familiar, el qué dirán y el derecho de todo el mundo a dar consejos hacen que si el niño no come como un lima, todo cuanto se le ofrece y en la cantidad ofertad, surjan a las primeras de cambio nubarrones en el ánimo de sus progenitores, que ante cualquier eventualidad, verán problemas, visitas al pediatra y la búsqueda de soluciones inmediatas que alivien sus desvelos.

Autor: González, Carlos (1960-)
Título: Mi niño no me come; consejos para prevenir y resolver el problema
Editorial: Madrid : Temas de Hoy, 1999
Descripción física: 213 p. ; 21 cm
Colección: Vivir mejor
Notas: Bibliografía: p. 209-213
ISBN: 84-8460-384-9
Materias: Educación de niños
Padres e hijos

Autor: González, Carlos (1960-)
Título: Bésame mucho : cómo criar a tus hijos con amor / Carlos González
Editorial: Madrid : Temas de Hoy, 2003
Descripción física: 279 p. ; 21 cm
Colección: Vivir mejor
Notas: Bibliografía: p. 273-279
ISBN: 84-8460-262-1
Materias: Educación de niños
Padres e hijos

Autor: Estivill Sancho, Eduard
Título: Duérmete, niño : cómo solucionar el problema del insomnio infantil / Eduard Estivill y Sylvia de Béjar
Editorial: Barcelona : Círculo de Lectores, 2000
Descripción física: 174 p. ; 21 cm
ISBN: 84-226-8228-1
Materias: Sueño-Trastornos en niños
Autores: Béjar, Sylvia de