Abel, que trabaja en un sindicato y es muy sensible a las demandas laborales, me dice que hay que superar los días moscosos, una antigualla del pasado y reivindicar los minutos de libre disposición. Esto es, si hay quien pasa la jornada laboral entre cigarros que fuma en la calle y la máquina del café, los que ni fuman ni les gusta el café de máquina deberían reivindicar unos minutos de libre disposición y hacer con ellos lo que les viniera en gana, desde mirar por la venta o hacer el Soduku diario, hasta leer el periódico sin agobios. Si los amantes del café o del tabaco, mi amigo Abel, tiene constancia de que dedican más de una hora al día a esos menesteres ociosos, los que no hacen eso, no sólo no tienen “derecho” a esa hora, sino que encima deben de apechugar con el trabajo de “los que no están” en sus puestos, cuando alguien viene a hacer alguna gestión o les llaman por teléfono.

En sus visitas a los organismos públicos Abel me dice que ha notado una algarabía que no sabe si es propia de la primavera y calores veraniegos, o de la Reforma del estatuto público que entre las mejoras que entrarán en vigor en pocos días, da días festivos por trienios cumplidos por los empleados públicos en la administración. Así los que lleven treinta años, diez trienios de servios efectivos, se encuentran con cinco días festivos de viejud a sumar a los cinco moscosos y a los veintidós laborales. Así los más maduros me cuenta, muestran un brillo especial en los ojos, un fulgor adolescente, que los vuelve alocados y joviales, proclives al revoloteo, contando con los dedos, a voces, los días laborables festivos que disfrutarán ese año. !Treinta y dos! grita alguno a voces, mirando el calendario con avidez. Treinta dice otro. Me cojo agosto entero y aún me quedan otras dos semanas y media para San Mateo. Desde que tengo tantas vacaciones gasto el doble dice uno cabeceando. Yo las pasaré en la playa vuelta y vuelta, con mi madre así, no puedo a ir a ninguna parte. Mejor sería que aumentaran el sueldo base, en lugar de tantas vacaciones, clama un mileurista, con el uniforme de ordenanza.
Esto es lo peor que nos podía pasar para acelerar el cambio climático. Todo el mundo de vacaciones, viajando, moviéndose incesantemente, lo más lejos posible, gastando combustible a todo tren, dicen los más concienciados, jóvenes interinos en su mayoría. Estas y otras cosas me cuenta Abel y yo le miro y me río por no llorar y recuerdo las viñetas de Forges y apostamos entonces a ver quien es capaz de levantar el porrón de cerveza con gaseosa más alto sin derramar una gota, luego cojo una servilleta y escribo esto para ti.