Leyendo hoy el periódico me ha impactado una noticia que dice más o menos así. A un señor de 60 años le detectaron un tumor maligno en el hígado. Lo envían del Hospital San Millán de Logroño a Valdecilla, en Santander. El cirujano lo abre lo cierra e informa a los familiares que en tres meses, Miguel Angel, el presunto difunto, morirá porque no hay nada que hacer según el cirujano. El hombre se va entonces a la Clínica Universitaria de Navarra, privada, a recabar una segunda opinión. Lo someten a quimioterapia y le implantan unas microesferas de itrio-90. El tratamiento le supone un desembolso de 20.020,72 Euros, pero Miguel Angel sana, su estado mejora y su vida vuelve a ser normal. Miguel Angel al que la seguridad social había desahuciado, se propone que el Servicio Riojano de Salud (SERIS) le reembolse lo que ha gastado. Primero el Juzgado de lo social da la razón a Miguel Angel. El SERIS recurre a la sala de lo Social y el juez le da entonces la razón al SERIS. El juez reconoce en su sentencia que “el servicio público de Salud no ofreció al enfermo ninguna posibilidad de tratamiento una vez agotado el convencional” pero al acudir a la Clínica Universitaria esto fue una “decisión propia”, donde se le sometió a una terapia “no cubierta por la sanidad pública, inexistiendo por tanto el derecho a la prestación”.
Crucemos los dedos para que esto sea una caso aislado, porque de no haber tenido 20000 euros en el bolsillo, ahora Miguel Angel estaría muerto. No sé si podríamos hablar de negligencia del cirujano que “abrió, cerró y sentenció”, o bien el “tratamiento convencional” que ofrece nuestra seguridad social consista en eso “en abrir y cerrar” pero si una persona aquejada de cáncer debe buscar “la salvación” en lo privado, gastando tres millones o más de las antiguas pesetas, si es que las tiene, uno se plantea al igual que Miguel Angel para qué queremos entonces la seguridad social, y porque nos venden la moto diciéndonos que no hace falta ir a Houston para tratar un cáncer, si aquí tenemos todos los medios en “lo público” a nuestro alcance. ¿para palmarla?.