Rompió con su anillo de oro de 24 quilates el escaparate de la pobreza y murió bajo un cristal que le atravesó el corazón. Lo curioso del caso es que no derramó ni una gota de sangre, y el anillo desapareció de la escena del crimen, y digo crimen ya que el inspector aseveró que aquello no era casual, sino que era algo premeditado, quizá el asesinato perfecto. Una manera de equilibrar la balanza, de restablecer el equilibrio natural, el estado de las cosas.