- ¿cuánto?
- a lo sumo seis meses.
Se barruntaba esas luctuosas palabras, había ensayado mil reacciones, pero en el fatídico momento rompió a llorar, mientras el médico lo miraba detrás de sus gafas de pasta.
- ¿opciones?
- Ninguna que sepamos.
- no quiero sufrir.
- Le entiendo, perdí a mi padre en condiciones similares.
Le acercó un ejemplar de El Quijote sin huellas ni dedicatorias, limpio como los chorros del oro.
- Con ochocientas páginas este fin de semana bastará. Si por el contrario decide hacer vida normal, sufrirá dolores, el mal se extenderá por todo su cuerpo, las palabras se reproducirán y finalmente la tinta afectará todos y cada uno de los órganos hasta matarle.
Miró el libro, pasó las yemas de los dedos por la frente, rascó el mentón y agarró el ejemplar con ambas manos.
- Lo siento dijo el doctor despidiéndose.
- Yo también, no crea que no me jode irme así.