No sé si el Dalai Lama a su paso por España habrá dicho algo acerca de la paciencia, pero yo tengo que armarme de ella cada vez que enciendo el ordenador. Quizá sea porque el pobre aparato ya es mayor, pero desde que le doy a la tecla de encendido hasta que puedo hacer algo pasan diez minutos. Una opción es irte a hacer otra cosa, la otra es Las tortugas saben de lo que habloseguir todo el proceso expectante, oyendo como rugen las tripas del ordenador y el relojito de arena indica la tarea en proceso. Tenía también una conexión inalámbrica que iba cada vez peor hasta que finalmente un buen amigo, se vino con un cable, dos clavijas y un alicate especial y me montó la instalación. El ordenador tarda lo mismo de siempre en arrancar, pero la conexión a internet va fluida, sin altibajos al mismo ritmo y eso ya es algo. El día que cambie de cacharro seguro que añoraré el ruido de las tripas de mi aparato actual y cuando no oiga ningún ruido me preocuparé pensando si todo va bien. De momento y hasta que no estira la pata en forma de “pantallazo azul irrecuperable” seguiremos tirando con lo que tenemos.

Si en lugar de un ordenador de sobremesa fuera un portátil al menos tendría la oportunidad de participar en este concurso. Tengoelportátilmásantiguo