Me alegro haber leído decir a alguien que este libro era de lo mejorcito que había leído hace mucho tiempo. A mí me ha sucedido lo mismo. Su autor, Gonzalo Hidalgo Bayal no es conocido, ni vende millares de libros, así que haber llegado a él es cómo encontrar un tesoro. Su libro se titula Paradoja del interventor y en él un hombre en la edad del desguace baja en una estación y cuando sale de la cafetería, el tren ha partido. Ese supone un antes y un después en su vida, que no es otra cosa que una bajada a los infiernos, un camino sin retorno. Sutilmente el extraño, al que todos acabarán conociendo como el interventor, aunque apenas intervenga en nada, irá mutando, desvistiéndose de sus hábitos y costumbres, de su vida pasada, para ir conformando otra identidad, en un ambiente hostil, inhóspito, de noches gélidas y pocos abrazos, donde es evidente lo fácil y sencillo que es perder el norte y acabar desbarrando, perdido en un pueblo innominado, con una galería de curiosos personajes como Cristo, el trapense mondarín, el barquillero, la puta adolescente, la churrera, el afilador, el guardabarreras y el camarero ciclista. Todos ellos nos harán pasar unos ratos inolvidables, donde prima el humor, el sarcasmo, la desesperanza y una realidad cruda y descarnada que pone los pelos de punta.
Esta sencilla en apariencia historia se enriquece en cada página con la mirada que el autor pone sobre las cosas, dándoles una nueva luz, con material de sobra con el que aprovisionarnos y luego reflexionar en calma.
He visto que en la biblioteca hay otro libro suyo que pienso cogerme en cuanto finiquite otros. Si tenéis ocasión de leerlo, hacerlo, es una ganancia de tiempo.