No hemos tenido todavía un Gobierno que ponga a la Iglesia en su sitio. El PSOE en esta legislatura no ha hecho otra cosa que bailarles el agua con la Vicepresidenta mostrando sus mejores sonrisas de mano de los jerarcas eclesiásticos en sus viajes a Roma.
Espero que Izquierda Unida cuando gane las elecciones (en un escenario propio de ciencia ficción) ponga a la Iglesia en su sitio porque ZP con su talante ha sido demasiado complaciente. No quiere tener relaciones con la Iglesia sino “buenas relaciones” y eso no puede ser.
El artículo 16.3 de la Constitución dice que :
Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.
Esas relaciones muy a mi pesar son mucho más que una mera cooperación. Ya es hora de que la Iglesia se financie sola, que pague impuestos que tribute por su ingente Patrimonio. Desgraciadamente el PSOE no está por la labor de enemistarse con el brazo de Dios.

Pueden manifestarse los obispos las veces que quieran, todos los días si les place, mañana y tarde si es menester o en turnos de ocho horas, llenar autobuses con feligreses de las parroquias por todo el país y mandarlos a Madrid o a todas las capitales de provincia de España a pasar el día, aunque sería más productivo que una vez que se juntan fueran por las calles de la ciudad preocupándose por esos que duermen en la calle, dando de comer al hambriento y de beber sopa caliente al sediento, regalando palabras de aliento, ofreciéndoles un techo, un trabajo, unas oportunidades de salir de su agujero; lo que cualquier cristiano que se precie de tal haría, y estos que se manifiestan, a buenos cristianos, hogareños y familiares no les gana nadie. ¿o es todo palabrería y se les va la fuerza y sus bonitas palabras por la boca?.

Decir majaderías como la “disolución de la democracia” o que el Gobierno toma medidas que van en contra de la familia y de los derechos humanos es sonrojante. Hay que estar ofuscado para decir algo similar y aún más como oyente para darle algo de credibilidad a esas palabras. Pero la Iglesia en lugar de “paz y amor” propugna “odio y e incomprensión”

-¿acelerar los trámites del divorcio fomenta el mismo?. Muchos prefieren que la unión sea de por vida, como un régimen esclavista, donde no se pueda alzar la voz. Eso de “para la bueno y para lo malo”, “para toda la vida”, ha dejado afortunadamente de ser algo inamovible e irrevocable, una manera de encubrir relaciones opresoras, destructivas, vejatorias, donde la mujer sólo podía esperar la muerte del marido para recuperar su libertad. Ahora la puerta está abierta y si dos personas conviven bajo un mismo techo es porque los dos quieren. Fácil de entender.
-Dar derechos a los homexuales y lesbianas es ampliar los horizontes y la calidad de vida de un buen número de personas, si bien esa concesión de derechos algunos los ven curiosamente, como ir en contra de los derechos humanos.

Pueden los cuaras hablarnos de cómo ha de ser la familia, de cómo hemos de ser con nuestras esposas, de qué educación han de recibir nuestros hijos, aunque ellos no sepan que es el placer carnal (menos cuando recurren a la pedofilía o a la homosexualidad), el roce de la piel, el orgasmo, sentirse enamorados, plenos, porque viven solos, porque no tienen ni marido ni mujer, ni hijos, ni familia, porque viven rodeados de otros que son como ellos, que hablan por tanto de oídas, que creen que en un libro sagrado encontrarán todas las respuestas a las preguntas que formula la sociedad moderna.
Cuando los curas hablan de la familia no tienen ni la menor idea de lo que están hablando. Su familia, esa que nos venden, está en crisis. Las parejas se separan cada día más y más pronto, surgen familias monoparentales, parejas del mismo sexo, madres solteras.. y ante esa situación en lugar de analizar los porqués, la Iglesia sigue en sus trece, aferrados a su “familia tradicional”: papá, mamá y todos los niños que vengan, culpando a los Gobiernos de la crisis de valores que sufren los jóvenes, cuando son precisamente las ideas rancias, excluyentes, anacrónicas, insolidarias, restrictivas, de la Iglesia la que espanta a los jóvenes de la misma que si pisa una Iglesia es por obligación o para apreciar las obras de arte que alberga en su interior.

Existe no obstante una relación de amor-odio entre el pueblo y la Iglesia, un pacto no escrito, donde la Iglesia interfiere en el ámbito privado de los ciudadanos hasta cierto punto (muchos creyentes y católicos toman pildoras y usan condones. De no ser así la tasa de natalidad no estaría en 1,7 hijos por pareja. Van a misa de ciento en viento, hablan mal de sus vecinos, cometen actos impuros, sufren de vanidad y arrogancia, pronuncian el nombre de Dios en vano y muchas cosas más). Muchos miles de jóvenes que tras hacer la comunión y la confirmación, dejaron de ir a misa y detestan la postura de la Iglesia, o simplemente les importa un bledo lo que ésta diga, en determinados momentos de su vida vuelven a ella, al manto protector. Así cuando se casan son muchos los hombres y mujeres que todavía siguen haciéndolo por la Iglesia (por el qué dirán, por contentar a los padres, por no defraudar o por otras circunstancias). Si tienen hijos estos cumplirán también con el rito Cristiano del bautismo, de la comunión y la confirmación, porque cuesta mucho salirse de esa “tradición” que se viene repitiendo generación tras generación.

Así son muchos los que buscan la mano de la Iglesia cuando les conviene a sus intereses y la Iglesia y los curas, aunque saben que los contrayentes ni van a misa, ni son miembros activos de la comunidad, aún a sabiendas de que hacen uso del condon y de que interpretan la palabra de Dios a su manera, les hacen a su vez el juego y los casan (tras los cursillos pre-matrimoniales) los bautizan y los confirman, con la esperanza de que acaben formando parte de la comunidad cristiana.

Del mismo modo, los que abogamos por el laicismo, como propugna nuestra Constitución, que habla de un Estado aconfesional, no nos hacemos a la idea de como sería nuestro país si ninguna de nuestras festividades tuviera carácter religioso. Habríamos entonces de olvidarnos de Semana Santa, de los Santos Patronales, de las fiestas de Navidad y de Reyes, del Día de todos los Santos, de la Inmaculada. Si no se ha creado un debate al respecto es porque a todos nos gustan las vacaciones, más que a un niño un caramelo, y sean de trasfondo religioso o no, cada uno las disfruta a su manera, aunque sea entendiendo la Semana Santa como un parque temático con señores encapuchados, saetas y pasos jaleados desde las balconadas, nos hemos acostumbradas a ellas, tanto como al desfile de los militares el 6 de Diciembre, el discurso del Rey o las cagadas de la selección de Futbol.