El gotelé color salmón sucedió a esos girasoles con que los padres empapelaron el salón hace mas de 20 años.
Sustituimos por parquet flotante ese terrazo gris, sobre el cual, tantas tardes de agosto me tumbaba para refrescarme y fisgar las charlas ajenas, para luego acabar con el estómago adormecido y la frente roja.
Ahora en el cuarto hay un corcho con postales de lugares soñados, en lugar de esa canasta que fue nuestro altar y sitio de peregrinación en aquellos años de estudio. Entonces, pensaba que encestando diez tiros seguidos todos mis sueños se cumplirían, aprobaría mis examenes, conocería mujeres fantásticas y publicaría un best-seller. Parte de esos sueños se cumplieron pero me vieron el pelo en muchos exámenes de septiembre. Mi record fueron dieciséis tiros libres seguidos. El parquet devoró a su vez la alfombra sobre la cual
disputabámos la vuelta, y el tour de francia, con cánicas, cada una era un corredor, y los tiempos los tomábamos con el metro, un centímetro un segundo. Y los Super Humor hacían las funciones de puertos de montaña, tres tomos eran un puerto especial.
Nos desprendimos de esa nevera que rugía por las noches con los achaques propios de su dilatada edad. También de esa lampara fosforescente que nos guiñaba su ojo de cristal un buen rato antes de quedarse definitamente prendida. Del sofa sobre el que cargábamos nuestro peso cada vez mayor y de ese televisor que carecía de su apéndice más preciado (el mando a distancia) . Del radiocassette que se comía las cintas.

Ahora reflexionaré sobre todo esto tumbado en la alfombra, para no ensuciar ese sofá de ultimo diseño a juego con el mando del DVD que remplazó ese video que no rebobinaba bien pues tenía los cabezales hecho trizas del uso..