Con el tiempo en una mano y el futuro en la otra
en playas desiertas que el océano lame
abrazar las olas esquivando balas de viento

enhebrar las horas a punto de cruz
y forrar nuestros cuerpos de arena,
que ningún reloj nos posea
lejos del dedo acusador

escarbar con las manos
siguiendo el surco que deja la pena
horadando hasta el núcleo
capeado como tu ser

despojado de odio y rencor
ensanchar el mar con nuestras lágrimas
ahora, no luego ni antes, buscar tu cuerpo
lo más lejos, dentro de ti.