Rodrigo quería ser Director General de Tránsitos y Pasillos, pero el cometido encomendado fue ir al archivo a preparar la documentación que había que envíar al Archivo General a finales de la semana. Subió las escaleras, ya que no había ascensor, y accedió a la planta siguiente. Esta tenía una estructura similar a la de un laberinto, lo que explicaba que tres personas que no se conocían de nada, hermanadas en su perdición, le pidieran encarecidamente, no que les dijera cómo salir de allí, sino que les llevara hasta la mismísima puerta, donde estaba el cartel verde plastificado con la palabra Salida. Hecha la buena obra del día, sin tiempo que perder, fue a las estanterías destinadas para el archivo de la documentación de su área administrativa. Su labor consistiría en ordenar las 300 cajas de los cinco últimos años, quitar los clips, las gomas, los papelitos amerillos y poner a lapicero una codificación especial, tanto en la caja, como en las carpetas que las completaban. Las dos primeras horas trabajó afanado, sin levantar la vista de la mesa, donde reposaba su trabajo, sin reparar en quienes le saludadan, le invitaban a tomar café, y se presentaban estrechando su mano o anticipando sus mejillas al tratarse de su primer día.
Antes de las once, sentía pinchazos en el cuello, que le crujía al moverlo, y decidió recoger las cajas dispersas por el suelo, guardarlas y tomarse un respiro. Las estanterías se corrían sobre unos raíles, las cuales costaba trabajo mover, dado el peso que soportaban, y la falta de aceite. Apoyado sobre una de ellas, hizo fuerza y la desplazó medio metro. Hecho el hueco necesario, se tumbó en el suelo e introdujo la caja en la señal dejada junto a la pared. Veía sus pies sobresaliendo por la popa de la estantería, vertida en el pasillo. El Director General de Tránsitos y Pasillos para su mal, no los vio, tropezó con ellos y salió despedido, impactando su cabeza contra la encuadernadora, con tal fario que sus rostro quedó inserto en las espirales metálicas. Cuando lo sacaron de allí, aún respiraba, aunque moriría minutos después camino del hospital. Antes de que Rodrigo pudiera incorporarse, recibió un pisotón en la tibia que le hizo perder el sentido. No encontraron mala fe, dolo, ni responsabilidad alguna de Rodrigo en la muerte de Martín, resumida como una circunstancia trágica, pero una investigación llevada a cabo por la Inspección de Servicios esa misma mañana, determinó que Rodrigo estaba llevando a cabo tareas que no eran de su competencia, lo cual dado que tenía un contrato temporal y vulneraba claramente lo establecido en el convenio, la ley obligaba a sus empleadores a hacerle un contrato indefinido. A fin de evitar un escándalo, le ofrecieron un trato. Rodrigo, vuelto en sí, pero con el rostro blanco y afectado por la muerte de Martín, al que apreciaba, conocedor de todos los planes de éste para la jubiliacón que obtendría el año próximo, llevándose la mano al tobillo, manifestó su deseo de ser Director General de Tránsitos y Pasillos, ofreciéndose a realizar al menos la misma excelsa labor que había hecho Martín durante sus años en el cargo. Los mandamases se miraron, y pidieron un receso antes de tomar una decisión. Firma aquí, le dijeron poco después, el puesto es tuyo. A Rodrigo lo llevaron en camilla a la planta inferior, y de allí al hospital. Detectaron, en las pruebas practicadas, un pequeño trombo que requería hospitalización. Tenía unos pocos días por delante para construir una historia, si es que alguien mostraba curiosidad por su meteórico ascenso. Ya se veía con su uniforme azul, su gorra de plástico, dirigiendo el tráfico por el pasillo, haciéndolo más fluido, manejando las manos como un director de orquesta. Así se durmió, para siempre, con una amplía sonrisa. El trombo, fue un trombón que subió hasta su cerebro a la velocidad del rayo, fulminándolo horas después de su ingreso.
March 6th, 2008 at 7:49 pm
Deus dedit, Deus abstulit…
Sugerente título. Gracias por el relato.
March 6th, 2008 at 8:32 pm
gracias Prometeo. Dicen que si tienes el título ya tienes la poesía, no sé si para los relatos es lo mismo, pero es una manera de enganchar al lector.
March 6th, 2008 at 9:18 pm
Pues si quieres te regalo unos cuantos títulos que tengo como borradores, y que no engendran más que la mayor de mis exasperaciones.
Un saludo
March 7th, 2008 at 3:59 pm
jeje, prometeo, seguro que algo sale, a veces de un día para otro, el relato ha cambiado, se alimenta sólo, surgen nuevas vías, inspiraciones, enfoques y uno ve la forma de culminarlo, de modo natural, sin forzarlo.