Llegué a Sombras sobre Sombras como el naúfrago que a la deriva y de chiripa, toca tierra firme en alguna isla perdida, merced al oleaje. En la lista de libros más vendidos ninguno me motivaba. La novela histórica con rasgos de best-seller es clónica, con pocas variantes y leído una el resto es siempre más de lo mismo. En una biblioteca, sobre una gran mesa de madera, había dispuestos un buen número de libros, clasificados como novedades, apilados en montones de tres o cuatro.
En una de estas hileras, abajo del todo, vi en la portada unos maniquíes, luego el nombre del autor del libro, Juan José Millás y en su interior había fotografías, sobre las que el escritor hacía un artículo de tres páginas.
Millás juega con las palabras con gracejo y la foto es una excusa para dar su opinión sobre temas diversos, como el papel del PP en la oposición durante el proceso de paz, el talante de la derecha y de los curas, la invasión de irak, los ataques de Israel, la superación de la segregación racial, los progresos en la ciencia, las ovejas clónicas y muchos temás más.

Abunda en el libro el sentido del humor y como buen escritor, de lo evidente, de lo que está ahí para uso y disfrute del personal, Millás saca punta hasta lo aparentemente más insignificante, conjugando el absurdo con el surrealismo.

Millás descubrió pronto según cuenta, que la poesía no era lo suyo y plasmó entonces sus ideas en prosa. Sombras sobre sombras es pues un libro que me ha gustado, por el tono, el contenido y la forma de narrar, con el que abrir los ojos a lo cotidiano, con una visión nueva, de la mano de este escritor que cada día me sorprende con su columna en El País