suspendido en las horas veraniegas
En agosto todo se paraliza, cristaliza el tedio y las cosas se posponen para más adelante. Cerrado por vacaciones rezan los comercios y también las bibliotecas por las tardes. Los ciclistas siguen consumiendo y los partidos de pretemporada copan las parrillas televisivas, de las que manan olores a refritos, a remiendos, cadenas que emiten episodios antiguos y reposiciones sin orden ni concierto. Se emiten tres y cuatro episodios de una misma serie. Las programaciones no son más que relleno. En los periódicos pasa algo parecido. Se ve que en agosto pasan menos cosas, o los periodistas tienen menos ganas de currar y se organizan revistas de verano, banales y chocarreras con las que aliviar los sufrimientos del resto de año. Las tragedias que acaecen fuera quedan en sordina sepultadas bajo el chapoteo de las olas y el borboteo de la cerveza con gaseosa en el gaznate. El sol sigue abrasando el asfalto que se derrite y las carnes a la brasa cogen color para dar fe de las vacaciones, cuanto más lejos mejor.