Tengo miedo y me voy a una casita espeluznante
Últimamente casi todas las películas de misterio que veo, están cortadas por el mismo patrón, son clónicas, pero cada vez peor hechas. Me hace gracia comprobar, como cuando una pareja ha perdido un hijo o ha sufrido un acontecimiento traumático y decide ir “al campo” a respirar aire fresco, y cambiar de aires, resulta que van a para a alguna mansión desvencijada y siniestra, con salas clausuradas, ruidos extraños, y divanes y sotanos espeluznantes, donde ya solo ver su interior da canguelo, y donde uno vería fantasmas donde no los hay. El caso es que siempre en estas casas se cometieron crímenes, o fueron lugares de exterminio, o reductos de la Inquisición, o donde freían a las brujas o herejes. Toda la sangre derramada antaño fermentó en el subsuelo y los fantasmas se alimentan ahora de ella, acojonando a los nuevos inquilinos, que siempre tienen alguna biblioteca en el pueblo, con periódicos de la época digitalizados donde poder enterarse de la “trágica historia de su casa” y salvar el pellejo a tiempo.
Digo yo, que ante una situación traumática, en lugar de irse al campo, a una casa de estas condiciones sería mejor mudarse a un piso de treinta metros, de una única estancia con cocina america, catre y baño, donde el espacio es tan reducido que no ha lugar para fantasmas. En caso de que suceda algo anómalo, siempre se puede dar la murga a los vecinos de los pisos inferiores o superiores, porque en estas casas ubicadas en el campo, nunca hay un vecino a quien recurrir y sólo el crujir de la madera te pone los pelos del espinazo como escarpias.