Al hacer la compra uno debe tomar multitud de decisiones sobre que productos comprar. Algo curioso es que si compramos por ejemplo pinchos morunos con el palito ya puesto cuestan el doble que si compramos la carne en tacos pero sin ensartar. Hablamos que sobre la misma cantidad de carne hay diferencias que pueden rondar los dos euros. Parecido sucede con las ensaladas ya preparadas que venden en bolsas de plástico, troceada y lista para aliñar. Hoy al hacer la compra vemos como 50 euros quedan reducidos a nada, pero en gran medida esto es porque la mayoría de los productos a fin de hacernos la vida más cómoda nos la encarecen mucho más. Lo mismo que con los pinchos morunos sucede con el queso rallado. Si cogemos un trozo de queso emmental, pagaremos unos 5 o 6 euros el kilo, pero si lo compramos en una bolsa ya rallado nos costará el doble. Si tenemos una batidora potente en casa, con cuchilla, el acto de rallar queso nos supone un par de minutos y un ahorro considerable. En pocos años hemos visto como los supermercados y grandes superficies ofertan cada día más productos precocinados, verduras envasadas, salsas, pasta cocida, torillas de patatas, pizzas para microondas y un sinfín de productos a fin de que el tiempo que tengamos que emplear en la cocina sea menor. Todo esto supone pagar más, mucho más, de ahí que el dinero cada vez nos de menos de sí. El tema es que si disponemos de tiempo y de ganas aún se puede comer con poco dinero. Si seguimos el sistema tradicional y hacemos nuestro tomate en casa, compramos las lechugas, tomates y verduras en el mercado, empleamos la olla para preparar legumbres y hacemos platos de bajo coste como pimientos rellenos, albóndigas, croquetas que luego podemos congelar, las cuentas cuadran, pero hace falta tiempo y ganas y a menudo o falla una, la otra o las dos. Ayer por ejemplo nos juntamos unos cuantos en casa e hice chocolate con churros, y me llevó menos de media hora. El resultado inmejorable y el coste, muchísimo menor que si compras los churros en una churrería.