Todas las miradas confluyen en un haz de píxeles
Ese servicio público que nuestros políticos ofrecen a nosotros los ciudadanos, se plasma por ejemplo, en los televisores que se han instalado en los vagones de metro de la ciudad de Madrid. Del mismo modo que se prohíbe fumar en los lugares públicos también debiera prohibirse o mejor dicho no instalarse televisores en los metros como se está haciendo. ¿Cuál es el objetivo? ¿Qué cabeza pensante ha pergeñado tal idea?. Bastante amodorrada está ya la gente para que ahora camino del trabajo todas las miradas confluyan en una única dirección, el monitor, torpedeando así el empeño de aquellos que quieren aprovechar esos minutos que emplean en ir al trabajo en metro, leyendo. Seguro que las firmas publicitarias se frotarán las manos, al lograr introducir sus cuñas publicitarias en espacios públicos y cerrados como un vagón de metro. Ya puestos podían hacer lo mismo en los ascensores, ahora que las pantallas planas, dado su grosor, apenas ocupan espacio, en los consultorios médicos, en las salas de espera de cualquier administración pública, u organismo público, etc..
A menudo, cuando vas a un bar lo que pretendes es charlar con los amigos, o simplemente desconectar, lo cual muchas veces se ve dificultado por el volumen estridente de los televisores que aborta cualquier conversación. En ocasiones dadas, como partidos de fútbol, de baloncesto, las carreras de Alonso, pase, pero a las once de la mañana ir a almorzar a un bar o cafetería y tener que “soportar” a una miríada de ilustres periodistas desgranando la más cruda realidad con temas apasionantes como los cuernos que deben soportar los toreros, el furor sexual de alguno de ellos, el camino sin retorno que supone ir preso a Alhaurín de la Torre, y demás devaneos periodísticos desgranados a voces, hacen el desayuno menos placentero de lo deseable, ya que de no taparte las oídos con las manos o ponerte tapones no queda más remedio que enterarte de lo que vomita el televisor, quieras o no. Pero así son las cosas y así las hemos de sufrir.